1.7

Cuando entré en el dormitorio, Hugo me clavó a la pared con una mirada.

Yo me quedé en silencio, hasta que el sonido de la respiración de Hugo se hizo más errática, y me dirigí hacia él.

Cuando le giré hacia mí, por alguna razón me sentí culpable de sus lágrimas.

-¿Estás bien?

Esta vez no sonrió.

-¿Tú que crees?

Me quedé mirándole a los ojos. Y resolví su puzzle.

-Que quiero que estés bien.

Él sollozó. Y sonrió.

-Sólo...te quiero, Cedric Diggory.

Ese fue el primer impulso que obedecí. Abrazarle fuerte.

-¿Vas a decirme que es normal?

Yo reí. Sentí con los pies en la tierra la misma sensación de euforia que en el aire.

-No. Voy a decirte que yo también.

Besarle fue el segundo. Y cerrarle la puerta en las narices a Marvin Macnair gritando "Te lo dije, te lo dije", el tercero y último de mi anterior vida.

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